¿Es Santos capaz de extraditar a Trichi?

A fuerza de oírle mentiras al presidente, los colombianos han aprendido, que cuando él afirma algo, esto significa que está dando el primer paso para hacer lo contrario.

De manera que cuando aseguró en la TV, que no le temblará la mano para extraditar a un culpable;  de inmediato empezaron a ocurrir cosas inexplicables, como si una mano invisible empujara la primera ficha de un tren de dominó y sigue derribando a todas las demás.

La segunda ficha en moverse, fue la omnipotente directora de la JEP, quien desde su autoerigido pedestal, protestó porque que ella sólo supo la noticia a través de la prensa. Esta acción nos revela su creencia de que la EP fué concebida como un ente que está por encima del fiscal Néstor Humberto Martínez.

Luego llegó a tercera movida cuando la misma dama, de buenas a primeras dijo que la JEP necesitaría un mínimo de 120 día para saber si los delitos de San Trichi había sido cometidos después de la firma del acuerdo de paz. En ese momento, ella  no había recibido el pedido de extradición. El caso es, que  existen multitud de pruebas, filmaciones, testigos, detenidos etc. Para demostrar que alias Trichi ha estado delinquiendo después de la firma del acuerdo y esta es una decisión simple que se debería decidir en menos de 24 horas.

Si se analiza, que podría ocurrir en esos 120 días, descubriremos como por arte de magia, la decisión salta por encima de las elecciones y le deja semejante chicharrón al próximo presidente. Con estas eventualidades:

Que San Trichi se suicide. Él ya dio un primer paso al declararse en huelga de hambre, que en el fondo es una autodestrucción adornada  con una aureola de héroe,  muy apropiada para un poeta. De esa manera alcanzaría pasaría a la eternidad en olor a santidad y de paso culparía al establecimiento. Es decir, sería otro crimen de estado, que como siempre asesina a los salvadores del pueblo. Este escenario es probable, pues gracias al presidente, el narcotráfico fue ascendido a la categoría de delito político.

Que Trichi se declare culpable y negocie  su condena. Así pospondría o evitaría la extradición; enlodaría a toda la cúpula de las FARC, acabaría el proceso de paz y obligaría al próximo gobernante a revisar los acuerdos. Escenario muy probable.

Que las Farc tomen distancia de Trichi y en vista de las evidencias lo arrojen a la hoguera. Así, se salvan ellos, el proceso de paz, el presidente, la JEP, la justicia ordinaria, el Fiscal y la justicia americana. Ya Timochenko tomó la iniciativa, al pedirle a Trichi que abandone la huelga de hambre y asuma su defensa como todo revolucionario; pues como jefe supremo conoce todos los secretos y ya sabe que de esta no se salva.        Y al igual que en las antiguas caravanas de las estepas rusas, cuando aparecían los lobos hambrientos; entonces los viajeros para salvarse,  arrojaban fuera al más enfermo o anciano, para calmar el hambre de las fieras. Escenario altamente probable.

 

El Fuego y la furia, el libro de Wolf contra Trump.

 

 

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Desde niño soñãba a jugar                        Play Station  con el mundo

Les cuento que leí el libro “Fuego y furia” de Michael Wolff y me pareció una trago de veneno revuelto con vidrio molido: es decir si no te alcanza a matar el cianuro, el vidrio te va a moler los intestinos.

No acostumbro leer biografías o historias, escritas por personajes que lanzan cosas contra sus enemigos políticos, porque de antemano uno sabe lo que van a decir. Pero a pesar de todo, conseguí el libro porque el título era atractivo y se parecía al de una novela experimental <<El sonido y la furia >> de William Faulkner, uno mi autores favoritos.

Y vaya sorpresa, que no estaba lejos: la novela norteamericana narra la historia de una familia disfuncional, cuyos tres hermanos sostienen una conversación interminable, porque uno de ellos es un retardado mental que siempre esta enredando la trama.

De igual manera, Wolf cita comentarios de asesores cercanos a Trump, que lo tildan de inepto y torpe. Al llegar a ese párrafo entendí que el parecido de ambos títulos no era mera coincidencia, sino que estaba lleno de perversas intenciones.

El caso es que Wolf reafirmó mi recóndita creencia de que Trump era un niño millonario, que lo tenía todo, excepto un Super Play Station sobre su escritorio para jugar a la guerra con el mundo. De verdad Trump lo hace a las mil maravillas con sus tuits, pero curiosamente la gran prensa demócrata parece divertirse también con ellos.

Y mientras el mundo se convulsiona con la pesadilla de una guerra nuclear, o la expulsión en masa de 10 millones de mejicanos y centroamericanos; él coloca sus zapatos # 14 sobre su escritorio, se come su hamburguesa diaria y se divierte como un niño solitario lanzando dardos.

El libro es malo hasta los tuétanos, no usa una metodología de recolección de información, sino que se ha limitado a charlar con Bannon el despedido ex asesor del presidente; y a recoger chismes de los pasillos. El texto abunda en frases de cajón y lugares comunes. No hay profundidad sicológica de los personajes, y sus descripciones mas parecen un brochazo de cal sobre las paredes de un cementerio. Su autor ha sido un escritor sin pena ni gloria que ahora salta a la fama. El libro es útil en la medida que sirve a sus enemigos para aumentar su odio recalcitrante hacia el presidente.

La supuesta personalidad enfermiza del presidente, que describen sus asesores, bien podría prestarse para una interesante biografía. Pero Wolf no es Faulkner; ni Trump el personaje de la novela. El Benji de Faulkner sólo habla monotemáticamente de miedos, de ruidos y de la furia de las cosas. Las cosas horribles que habitan en las neuronas de un imbécil.

Edgar Giraldo Alzate