!Si no hay coca para mí rompo un vidrio y salgo a mil

bruja1 Trichi Trichi Halloween si no hay coca para mi rompo un vidriobruja

Gracias a las travesuras de Trichi, las FARC nos adelantaron el día de las brujas. En el fondo, las galladas de niños pidiendo dulces se parecen  a los angelitos de la guerrilla pidiendo imposibles.

Luego de las arduas negociaciones en La Habana, ellos regresaron al  país con sus canasticas llenas de bombones, perdones y olvidos; chocolatinas, reparaciones a las victimas, fajos de dólares, caramelos de colores, y condecoraciones. Aparentemente todo había sido un éxito, pero a decir verdad, los tragos amargos  fueron demasiados y  la aventura en Cuba estuvo llena de dificultades; que sólo hasta hoy se hacen públicos.

Cada vez que la discusión se calentaba, ellos empezaban a cantar: Trichi Trichi Halloween, si no hay más dulces para mí, pongo una bomba y hago pum.

La primera vez, que De la Calle escuchó semejante despropósito, palideció incrédulo, manoteaba y manoteaba, sin ningún resultado gritando: ¿Pero que más quieren si el presidente les dio todo? Ellos no respondieron pues habían descubierto a la gallina de los huevos de oro, y no querían desaprovechar la oportunidad. Allí mismo continuaron con su letanía de antojos: Queremos sillas  en el Congreso, carros blindados, secretarios, hoteles cinco estrellas, chalecos antibalas, sueldos, radios satelitales, etc. etc.

Pero señores, contestó el estupefacto mediador del gobierno: ¡No nos alcanza la plata. Entonces haga una reforma tributaria, le ordenaron.

El delegado arqueó una ceja y negó con la cabeza. Si no lo hace le cantamos otra vez el coro de Trichi Trichi Halloween, si no hay dulces para mí, le contestaron con arrogancia. Miren muchachos, eso es demasiado, dijo, pero no obstante voy a hablar con el Camarada Santiago.

Efectivamente, él le contó todo el rollo  y resumió todo con una frase macabra: Su Excelencia debe hacer la reforma, o la paz se nos va de las manos. El mandatario palideció: No puede ser pues tengo El Nobel de un cachito. Pero sin embargo, después de varios días de propuestas y contra propuestas, no les quedó mas remedio que hacer la tal reforma.

Al día siguiente a la redacción de la reforma, ellos volvieron a pedir más imposibles: campamentos cerca a las fronteras, tropas de la ONU para que los cuidaran de los paramilitares y permanecer armados.

¡Todo parecía perdido! Entonces Santos accedió a todo aquello, pero los muchachos eran insaciables y querían más. Entonces fue cuando sacaron a flote su más recóndito deseo: Queremos ver a Álvaro Uribe colgado de una campana de la catedral. De La Calle saltó de la su silla como un resorte. ¡Eso no es posible! contestó, el país se levantaría y empezaríamos otra guerra mas larga y sangrienta, que este enfrentamiento estúpido de 50 años.

Los guerrilleros dudaron por un segundo y decidieron ir a caminar por las calles del Malecón de La Habana, a analizar la situación. Hacia calor, entraron a un bar y pidieron ron bacardí con hielo. Pasaron la noche discutiendo y al día siguiente le comunicaron su decisión inapelable a De La Calle:

¡La cabeza de Uribe o paguen las consecuencias!

Él no tuvo más remedio que comunicar la decisión al Comandante Santiago. Otra vez se rompieron los diálogos, le dijo con la solemnidad propia de los poetas nadaistas. El presidente ni se inmuto y ordenó reanudarlos cuanto antes, pues para él también era un juego de todo o nada.

Todo parecía perdido y el mutismo entre las partes era insoportable. Como todos compartían el mismo hotel en Cuba, empezaron a desayunar en salones separados y evitaban encontrarse en los pasillos. Pero una mañana, después de muchos ires y venires, De la Calle recibió la valija diplomática, y dentro encontró envuelto un sobre lacrado, con tres sellos y la lado de ellos en letras de marcador rojo se leían las letras J.E.P.

Él como bien abogado, la leyó cuidadosamente durante tres días con sus noches. Finalmente telefoneó al  presidente y le dijo sin tapujos, no entendí ni mú. No se preocupe, de La Calle que de eso se trata. Sigo sin entender, excelencia. Mire esa J.E.P sirve para todo y para nada, explíquele  a los guerrilleros que eso es una especie de mini código penal, que permitirá absolverlos de todos sus delito, porque ellos mismo van a ser  los  jueces; y por eso mismo también serán capaces de condenar a su peor enemigo y colgarlo de la campana.

¡Sólo así se calmaron los ánimos y la patria quedó a salvo!

Edgar Giraldo Alzate